viernes, 25 de septiembre de 2015

De parte de la Princesa muerta, Kenizé Mourad (Opinión)





Kenizé Mourad, plasma la vida de su madre en su primera novela titulada “De parte de la princesa muerta”, publicada en 1987, que se convirtió inmediatamente en un best-seller de ventas publicado en todo el mundo y en más de veinte idiomas, incluido el turco. En Turquía, el libro tuvo un éxito particular, contando por primera vez el final del Imperio a través de los ojos de un miembro de la familia imperial, aunque hubo partes del libro que no se tradujeron. 

La princesa Selma, exiliada cuando todavía es una niña, emprende un camino de sorpresas e inquietudes que la lleva del Líbano a la India y finalizando con su llegada a Francia al comienzo de la segunda guerra mundial. De parte de la princesa muerta es una novela histórica, narrada de una manera viva y realista, que refleja con gran interés y desenvoltura los contrapuntos de la corte Otomana, del pueblo libanés y de la india de los rajás, ya que está llena de grandeza y de miseria a la vez.  

Esta es la historia de la princesa Selma, nieta del sultán Murad V, que gobernó Turquía en 1876. Y digo en 1876, por que su reinado no duró ni un año. Las conspiraciones que los “malos” maquinaban a su alrededor, enseguida le apartaron del trono y le encerraron en una prisión-palacio.

Comienza cuando la princesa tiene 7 años y acaba con su muerte. Nos cuenta su vida en Turquía, su exilio en el Líbano, su vida en la India como esposa del rajá reinante de Badalpur, Amir, descendiente directo del nieto del profeta y por último, su estancia en París, dónde nació su hija, Kenizé Mourad autora de esta novela.

Está dividida en cuatro partes bien diferenciadas, que corresponde a cada uno de los países en que vivió la princesa. Nos narra las costumbres de cada país y su adaptación, a veces difícil.

Existe una relación muy estrecha entre Selma y su madre, la sultana Hatidjé  durante las dos primeras partes del libro, en que viven juntas hasta que se casa y se traslada a vivir a la India ella sola. Su madre, inteligente, justa, pero rígida con el cumplimiento de las normas, el protocolo y la tradición, le dejará una huella imborrable hasta el fin de sus días.

Selma vive sin más amor que el de su madre pues no termina de encontrar un hombre a quien amar y que la ame. Es una mujer muy necesitada de amor, ansiosa de que la amen. Esta necesidad obsesiva la vuelve egoísta y no se da cuenta de que para que te amen tienes también que amar. 

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Lloré como no lo he hecho con ninguna otra novela, tengo la versión en tapa dura, una reliquia de familia, parte del amor que me inculco mi abuelo por la lectura. Lo guardo como un tesoro incalculable, la cubierta es de tela azul raído por el paso del tiempo, una primera edición…

Recomiendo que lo leáis, ya que a mí me gustó muchísimo, y para aquellos que se queden con ganas de más, hay una segunda parte, “Los jardines de  Badalpur” en el que Kenizé, la hija de Selma  cuenta su propia historia y el reencuentro con su padre.  


Extracto

“Puede abofetearme tanto como quiera que no bajaré la vista”, esta frase resume a la princesa, una mujer de gran carácter y que no se resigna a que su vida la gobiernen otros.

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