martes, 19 de marzo de 2013

Mundo de Fantasía

Quien soy yo 
Biografía 


Axcan creció en un mundo de fantasía, un mundo diferente, pero siempre, pisando fuerte sobre la tierra. Le enseñaron los verdaderos valores de la vida, la amistad, el respeto, la comprensión,
el perdón y ante todo y sobre todo, el amor incondicional y sin condiciones.

Amiga de sus amigos, siempre se mostró como era. Siempre confiada y con el único deseo
de que la gente que le rodeara, fuera feliz. Siempre estaba ahí cuando se le necesitaba,
sin importarle tan siquiera si sus problemas se habían resuelto o podrían resolverse algún
día.

Quizás fue eso, lo que le hizo sentirse siempre alguien diferente, incomprendida,
indiferente al mundo. Simplemente distinta.

Quizás realmente nunca perteneció a este mundo. Quizás sólo llegó aquí para proporcionar felicidad a todo aquel que la necesitara, pero con el claro convencimiento de que ella,
jamás lo sería.

Cuando veía sonreír a los demás, su alma se embriagaba y sentía una paz inmensa,
deseaba que esa sonrisa jamás desapareciera, que siempre estuviera ahí.
Aquella tarde, mientras paseaba por el parque, su mente se dejó llevar por años vividos.
Momentos recientes y otros no tanto, pero que jamás se perderían en el olvido.
Momentos duros, momentos maravillosos y otros, que quisiera borrar de su memoria.

Sus lágrimas comenzaron a cubrir sus ojos, su llanto se acentuaba, y su soledad,
se podía ver reflejada claramente en su mirada.

Pensaba mientras el viento acariciaba y secaba sus lágrimas. Quería dejar de hacerlo,
dejar de preguntarse una y otra vez, por qué teniendo tanta gente a su alrededor,
tantos supuestos amigos y tanto aparente cariño, podía sentirse tan sola.

Pese a que nunca pidió nada para ella, en ningún sentido, le hubiera gustado que alguna
vez, aunque hubiera sido una sola, alguien le preguntara como estaba. Alguien llamara a su puerta para decirle un te quiero, para darle una caricia sincera, o simplemente,
una muestra de cariño.

Siempre creyó que el mundo que la rodeaba, daba por hecho que tal como se mostraba,
era feliz, y jamás se alejaría de ellos.

Siempre, siempre, siempre.

Pero las cosas, no resultarían así. Ya no.

Su alma necesitaba volar, respirar profundamente y alejarse completamente de todo.
Necesitaba que el mundo se olvidara de ella, pero esta vez, para siempre.

Un día no muy lejano, caminaría sin rumbo ni dirección, tal vez, a encontrarse con ese mundo
tan deseado. Ese que siempre le hizo sentirse libre y con esperanzas. Ese sueño que le acariciaba dulcemente con su brisa y en cierto modo, le hacía sentirse comprendida, protegida,
arropada.

Ese día se dejaría llevar, se sumergiría lentamente en sus aguas y descubriría por fin,
el verdadero valor de la vida…


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